domingo, 10 de abril de 2011


Este fin de semana primaveral entre llamadas inesperadas de amigos y cervezas con mis padres y Guille me he visto envuelto en varias diatribas y conversaciones sobre política. Es curioso lo difícil que es mantener las ideas que uno parece tener claras cuando te sientes sometido a la presión de otros argumentos, a la necesidad de matizar las pequeñas zonas indeterminadas para que tu discurso tome el vigor y la potencia necesaria para contrarrestar ideas contrarias. Es ahí, cuando tienes que entrar en profundidad en lo que crees, cuando ves los diferentes puntos de vista y los problemas que te exponen tus contrincantes dialecticos, donde te das cuenta de la dificultad de la organización social, de contentar a unos y a otros manteniendo con entereza la línea de actuación que te has propuesto llevar a pesar de las presiones. Donde palpas de primera mano los limites de tu propio conocimiento, la falta de lecturas que muchas veces te hace desconocer lo que otros seres humanos hicieron en su momento y como funcionaron esas actuaciones aplicadas a la realidad. Es en esos instantes donde tienes la necesidad de conocer datos objetivos, de saber donde buscarlos y tener la capacidad de localizarlos entre la información sesgada por extremismos o por desconocimiento de causa (algo íntimamente ligado a esa cualidad algo olvidada que se llama cultura). La política no es fácil, requiere de gente bien educada tanto en un lado como en otro de la trinchera, desde los votantes a los representantes en los órganos más elevados. Requiere cierta reflexión, cierto debate productivo entre idea contrarias que en ocasiones pueden complementarse sin necesidad de hacer sangre por ello. Requiere también ciertos conocimientos (yo me aventuraría a decir que mejor extensos) de las ideologías políticas y económicas que han surgido a lo largo de la historia, cierta perspectiva a largo plazo y el don de rodearse de la gente adecuada y formada debidamente para desempeñar las labores de gestión de esas ideas.

Veo con irritación el desarrollo del debate político en España (que se podría extrapolar a muchos otros países). Me cansa el cruce de acusaciones falaces y descalificadoras de unos y de otros, las cansinas soflamas que los asesores de imagen preparan para llenar de palabras el tiempo y no decir nada, la necesidad de negar verdades de cara al publico hasta que no hay más remedio que aceptarlas, la adopción de medidas exageras, demagógicas y virulentas al menor incidente mirando solo el corto plazo y las previsiones electorales, la sumisión a las reglas marcadas por las ideas económicas de los años 80 basadas en el culto a la privatización y al sector privado, la admiración acrítica y desmedida por los mercados no regulados, el desprecio del sector público y la ilusión de crecimiento infinito sin poner ningún cortapisas ético. Supone un martirio ver como medidas buenas son descalificadas por ser del partido contrario, como nadie es capaz de fundamentar un acuerdo que permita lograr una constancia legislativa en busca de la excelencia en temas tan importantes como la educación y mantenerla a largo plazo, como ser ministro no implica tener un conocimiento profundo de la materia a ejercer. Todo huele a corrupción y a enchufismo, a ansias de poder y de colocar a los afines en los cargos dirigentes. Parece que es mejor que el país se hunda o que lo rescaten financieramente (ahora que esta de moda) ,para proyectar más miserias y deslegitimar de manera definitiva el trabajo de los otros, que intentar contribuir a la resurrección económica que supondría un impulso bastante mejor para los intereses comunes. Nadie se atreve a reconocer sus errores, a ser honesto, a contar la verdad por dolorosa que sea, a pesar de que muchas veces de las frustraciones y de un buen relato de las equivocaciones se puedan conseguir cimientos más sólidos y un conocimiento más profundo de las líneas a seguir para no repetirlos.

Pero creo que, a pesar de todo, me irrita aun más el discurso pasota de la mayoría de gente universitaria con la que me cruzo. Esas frases de: "la política no sirve para nada", "no puedo participar en política", "bah, para que hablar de esto, si total, no podemos hacer nada", "que más da quien gobierne, que digan o que hagan, vamos a tomarnos una cerveza", "joder, que aguafiestas esos dos que están hablando de política, que de eso no se habla, que estamos de buen rollo", "que no me hables en esos términos, que la política la tiene que entender todo el mundo y todo el mundo puede ser presidente, que lo ha dicho Zapatero"… Es evidente que la calidad de la clase política actual y la desorientación ideológica sufrida tras la caída del comunismo y el sometimiento a las leyes económicas liberales como única vía, han contribuido a reforzar ese tipo de opiniones, pero pese a ello no creo que tengamos que reaccionar con ese victimismo pusilánime. No creo que la manera de afrontar la situación sea desconectando y creyendo perdida la batalla por otro tipo de statuo quo. No es hora de abdicar, es hora de formarse, de aprender, de ponerse a pensar, de aceptar las reglas de juego vigentes y conseguir con ellas una sociedad más sana, más limpia, sin corrupción, con una clase dirigente y unos votantes comprometidos por los intereses comunes. Es hora de pelear por un futuro mejor, de darle a la organización social y económica la importancia que merece. Y esos nos incluye a todos porque nos afecta a todos. Nuestra felicidad esta íntimamente ligada a la estabilidad política, al mantenimiento de una serie de condiciones sociales, económicas y educativas, sin las cuales reinaría el caos, y con las que ninguno de nosotros deberiamos jugar y mucho menos obviar. Dejémonos de pasotismos estériles e inocuos e intentemos lograr las metas que creemos que podemos lograr. Vamos a dejar de rasgarnos las vestiduras y vamos a ponerle la formación y el corazón que le falta al panorama que vemos. Vamos a cambiar todo esto desde dentro para que no sea necesario dominar el arte de la felación para ascender, y se empiecen a valorar solo los meritos y las ideas refrescantes que propugnes. Tu valor como persona y no lo bien que sonrías a la jodida cámara. Suena utópico, suena a arenga bienintencionada y un tanto surrealista, pero ¿por qué no intentarlo?, ¿por qué no probar? ¿es mejor dejar la política en manos de guetos, de gente sedienta de dinero y poder? (con esto no estoy diciendo que en la actualidad no haya políticos honestos, que se rijan por sus ideales e intenten en su parcela de poder ejercer su trabajo lo mejor posible, seguro que los hay, y seguro que bastantes más de los que parece, pero tampoco hay que olvidar la sensación palpable de que algo huele a podrido)

Obama nunca hubiera llegado al poder si Rosa Park no se hubiera quedado sentada en aquel autobús para blancos y Martin Luther King no hubiera creído en la posibilidad de ganar esa batalla y conseguir la igualdad de derechos entre razas. Nada se consigue si no se intenta, si no se tiene un sueño que perseguir. Rebelémonos, sí, como dice Stephane Hessel en "Indignaos", pero no llorando, no pasando, no lamentándonos por como esta el panorama actual. Sabiendo donde jugamos y los mecanismos que rigen sus reglas. Vamos a creer en nosotros, vamos a pensar que podemos, vamos a estudiar a los personajes que lograron convertir en realidad una esperanza lejana.

P.D: Mientras alguien lee esto seguro que más de una sonrisa maquiavélica se tensa en algún lado del país alentando a la masa a limpiar su nombre corrupto por medio de un instrumento tan desdeñable en esos casos como son unas elecciones democráticas. Millas en este articulo y con la ayuda de una foto que solo con verla define, pone palabras a ese sentimiento repulsivo.

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